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En 1879 se realizaron unas excavaciones secretas, a escondidas y por la noche en el sepulcro de la catedral de Santiago de Compostela. Los restos hallados fueron tan sorprendentes que se ordenó detener las mismas. Seis años más tarde, un sabio alemán descubrió unos antiquísimos pergaminos, de casi mil quinientos años de antigüedad, supuestamente atribuidos a Prisciliano, uno de los últimos druidas, que terminó convertido en obispo y fue ejecutado por orden de las autoridades de la Iglesia Católica.
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Díaz de Santos
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