La Pedagogía tiene como meta la mejora humana a través de la evolución interior y exterior de las personas y de la sociedad. Esta mejora y esta evolución requieren poner en contacto de forma adecuada a los educandos con preguntas, dudas y respuestas provisionales relacionadas con la vida. Sin la inclusión curricular de este reto no es posible contribuir a una sociedad más justa y profundamente democrática, basada en una razón educada. La razón educada no es la razón identificada, aquietada o apegada a los ismos o a soluciones doctrinarias predeterminadas. Nada hay más lejos de la Pedagogía que la imposición egocéntrica y el adoctrinamiento. La muerte se erige como una de las aperturas radicales que ninguna educación debiera eludir. Una sociedad con la muerte eludida, adoctrinada o banalizada se deshumaniza a sí misma y no contribuye a su propia evolución. Sin embargo, la normalización de la muerte en cualquier sistema educativo es una vereda sin asfaltar. Educar con y para la muerte nos hace mirar de frente nuestra finitud, que incluye el respeto por la vida propia y la del otro ya que el desarrollo del sujeto tiene sentido sólo si es con y para los demás. Y un modo de hacerlo es a través del cine. Hemos pretendido ofrecer al lector una caja surtida donde pueda servirse según sus gustos o necesidades. Se incluye una apertura de Jaume M. Bonafé, una fundamentación teórica-aplicada a la Pedagogía de la Muerte y a la formación didáctica del profesorado de Agustín de la Herrán, una aplicación de esta base al cine realizada por Mar Cortina, una indagación en un director de cine como Kiarostami llevada a cabo por Francesc J. Hernández, y un epílogo magistral de José Luis Villena
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Díaz de Santos
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